Pedro Brieger:
Me Odio y Quiero Matarme


Pedro Brieger es un ejemplo acabado del autoodio judío. Sociólogo por estudio y periodista de profesión maneja el conflicto de medio Oriente de una manera muy particular. Nunca en sus producciones Israel es medido con la misma vara que las demás naciones, mientras los terroristas islámicos son comprendidos y aceptados como si de simples defensores de su cultura se tratase. Este Chomsky de las pampas escribió el libro "¿Guerra Santa o Lucha Política?" donde trata de convencernos de que la Jihad no es una Guerra Santa, sino que se trata de una lucha política tan respetable como la participación en cualquier partido de oposición.

Nuevamente nos topamos con este intento de pluralismo en pantuflas que pretende apresurarnos a que aceptemos discutir de igual a igual con quienes quieren asesinarnos. En su libro-propaganda expresa que quien se opone a ocultar el terrorismo islámico internacional, lo hace movido por la vileza que genera el odio hacia todo el islam que, aduce, existe de manera constante en toda la cultura occidental desde las Cruzadas.

Entrevistó en el a Rashid Al Ghannouchi quien se niega a aceptar que "el atentado contra las torres gemelas en New York, los coches bombas manejados por suicidas o el asesinato de occidentales en Argelia puedan servir para deslegitimizar al islam". Este personaje además afirma que "el sionismo es un proyecto colonialista" y que "no es judío".

Cuando Brieger hace referencia a la condición de ciudadanos de segunda clase que tenían las juderías bajo dominio islámico define el concepto de dhimmi como quienes tienen "algunas restricciones".

Otra de las maneras en que puede apreciarse su arbitrariedad y la diferencia sólo ante el pueblo judío lo vemos en relación a los asesinatos. Es asesinato de 29 musulmanes a manos de Baruj Goldstein en la mezquita de Hebrón fue casi duplicada hasta los 50 muertos; al mismo tiempo que los números de las masacres a judíos -de por sí casi inexistentes en un libro que habla de la guerra santa- no es siquiera mencionado. 

Además de Rashid Al Ghannouchi es entrevistado el Imán Mahud Hussain, uno de los líderes espirituales de la comunidad islámica en la Argentina quien afirma que la creación del Estado de Israel es parte de un "accionar del imperialismo".

Mientras entrevista a Maxime Rodinson, quien se muestra moderado en sus declaraciones define Brieger al gestor de difamaciones contra el pueblo judío y negador del Holocasuto más que famoso en todo Europa Roger Garaudy, como un "filósofo francés que fuera dirigente del Partido Comunista su país, convertido a la religión musulmana en los años ‘60" 

Entre los entrevistados figura también el periodista Alain Gresh, Jefe de Redacción de Le Monde Diplomatique, mensuario de política Internacional editado en Francia. Cuando se refiere a la situación en Gaza este afirma: "Desde el momento en que no se le da ninguna esperanza a la gente, la violencia llega sola... Cuando uno va a la Franja de Gaza puede entender fácilmente por qué la gente lleva bombas consigo... Si no le dan ninguna alternativa...". Otro "tentativa" por "entender" el asesinato del judíos lo da Ziad Abu Amr quien afirma que "Hamas y Jihad islámica llegaron a la misma conclusión: que el único idioma que entiende Israel, los estadounidenses y occidente en general es la fuerza..."

Esta intención de comprender a quienes ponen bombas busca convencernos de que lo hacen porque son víctimas es la "sutil" manera que tiene Brieger de transformar además a las víctimas en victimarios que  no merecen nuestra compasión.

La violencia como una consecuencia lógica, obvia e inevitable no se sustenta en ninguna razón seria. Otros lugares donde no tiene ninguna alternativa se comportan de manera diferente sin reaccionar necesariamente como Mahatma Ghandi.

Por más que los palestinos mueran de hambre no es nada comprensible que inviertan millones en buscar chivos expiatorios: en Nigeria a fines de 1997 cuando no tenían nada para comer su población comenzó a robarle granos a las termitas y no juntaban plata para ponerle bombas a un gobierno extranjero. En vez glorificar y a apoyar atentados suicidas a ómnibus en marcha, centenares de miles de españoles (dentro y fuera del país vasco) salieron a mostrar sus palmas limpias de sangre de inocentes cuando la ETA asesinó a un concejal en Julio de 1997.

Por eso todas las excusas son vanas cuando hay un movimiento interno de apoyo en la sociedad para congregar más y más personas en torno a la masacre de judíos, lo contrario son sólo evasivas frente a un eje central de mas de dos milenios de historias. En Noviembre de 1996 se informaba que la mitad de los peruanos vive en situación de pobreza con un gasto promedio de U$S 1,75 y no vemos que se acuse a los judíos ni que se preparen pogroms. En 1997 los norcoreanos ante una situación peor, llegaron al canibalismo... pero no al terrorismo. 

Así, cuando se nos plantea que "inevitablemente" la violencia "aparece" cuando alguien ve frustradas sus esperanzas no debe buscarse quién es el que le prohibe alcanzar sus objetivos sino ver qué podemos hacer para que lo logre. Sospechemos de quienes nos exigen que "tenemos que entender" las dificultades que padece esta persona o las "penurias que sufre determinado pueblo".

El sentido que le damos en este manual a la palabra es diametralmente opuesta la que escuchamos cuando descubrimos que alguien actuó con emoción violenta. "Bueno, mató a toda su familia, violó a sus hija y torturó al gato..., pero no sabía lo que estaba haciendo, estaba fuera de sí". Estas excusas que apelan al conocimiento científico para perdonar a quienes transgreden las leyes se repite cada vez que un violador de los derechos humanos debe rendir cuantas a la justicia. Su avanzada edad hace que misteriosamente necesiten atención medica urgente las 24 hs. por lo que no puedan estar entre rejas y deban reposar en una cómoda sala de alguna lujosa clínica amiga.

El saber no nos impulsa naturalmente a entender, entender a comprender, comprender a perdonar a quienes deben pagar por los delitos cometidos. Toda ciencia (incluyendo las ciencias políticas) sirven para que, una vez sabidas las causas que favorecieron un determinado comportamiento en un sujeto o movimiento, estas puedan ser neutralizadas, pero no para que luego de cometido el delito todo criminal tenga su pasaporte a la libertad.

Si esto fuera así, si necesariamente todo conocimiento nos debe hundir más y más en un perdón a cualquier costo; donde todo el sistema jurídico no tendría sentido y los fiscales, peor aún, los abogados defensores; no deberían existir; sólo se trataría de determinar cuál de todas las causas que maneje el mercado fue la responsable de hacer actuar al hombre como en realidad no era su intención.

El hombre es plástico y no mecánico como esperaban descubrir los modernos. Y esa plasticidad hace que la única persona jurídica responsable a la que puede juzgarse es la persona de carne y hueso, y no culpar a la sociedad, a la conflictiva mundial o al viento que sopla desde el desierto. Si culpamos a todas estas categorías inanimadas, lo que estamos haciendo es perdonar a la persona y esperando que la historia sea la que juzgue nuestras acciones.

Por eso mismo es ingenuo tratar de asumir que la Segunda Guerra Mundial tenga su explicación en la locura de Hitler y en la justificación de que Sigmund Freud recomendara su internación en un instituto psiquiátrico en 1895 cuando aquel tenía 6 años.

En cuanto a la perspectiva humana quien tuvo una infancia sufrida no necesariamente tiene la forma de expiar sus demonios internos atacando a los judíos, podría por el contrario una neurosis, una histeria, una psicosis, suicidarse o sublimar y constituirse en poeta; haciéndose en todos los casos cargo de su singularidad, pues sólo él está sujeto a las misma.

Pero volvamos nuevamente al libro de Brieger ¿Cuáles son las elecciones que realizó? ¿Trató de ser "equitativo" tomando la posición de algún judío? Empezó con Michel Löwy quien afirma que la tradición ortodoxa judía que indica a las mujeres cortarse el pelo y usar peluca "es uno de los aspectos que ilustra o simboliza su discriminación", el de Abraham Serfaty proveniente de una familia marroquí quien dice que "Israel ha sido el gendarme de la región" y que por eso el mundo árabe se mantiene dirigido por gobiernos dictatoriales, y las palabras de Ariel Merari, Director del Centro de Estudios sobre el Terrorismo en el Departamento de Psicología de la Universidad de Tel-Aviv que son las que describen con más parcialidad tratando de explicar cómo se reclutan a los suicidas sólo ocupa 16 páginas de las 250 del libro

Como si fuera poco Merari luego de explicar que los shiitas no son los únicos que realizan atentados suicidas, sino que también los realizan sunitas y los grupos nacionalistas islámicos que no son fundamentalistas, pero sí musulmanes; tratando de explicar así que se trata de un movimiento más general de la población palestina e islámica de la zona y que, cuando se presentan ante las masa lo hacen con certeza la religiosa de que se han ganado un lugar en el paraíso; concluye Brieger con todo esto que "de sus palabras se desprende que el suicidio nada tiene que ver con el islam".

A modo de resumen podemos exponer que en un libro que se ocupa de la Jihad no se menciona en ningún momento que el objetivo de los grupos Hamas es matar a los judíos y Jezbollá destruir al Estado de Israel, sino que son presentados como resistencia a la ocupación de un territorio que consideran les pertenece pues la traducción correcta de Jihad es "esfuerzo" y su concepción militar se refiere a la "resistencia".

Pero la producción de Pedro Brieger es demasiado extensa como para que nos detengamos sólo en su libro. Demos aunque más no sea un ejemplo adicional que expresa su plena identificación con los movimientos judeófobos y, que al mismo tiempo, representa una nueva exposición de que quienes luchan contra el Estado Judío se encuentran tentados también a aceptar los mitos que sostienen la relatividad de la existencia de la Shoa.

El día 29 de abril de 1998 en el fugaz diario Perfil con su artículo "El Gran dilema de Israel" afirmaba que "Un palestino que durante siglos vivió en el territorio que hoy abarca el Estado de Israel, y lo abandonara hace tan sólo cincuenta años, no puede volver a la tierra de sus ancestros porque no es judío." Partiendo del hecho que se trata de una de las tantas modificaciones de la realidad que realizan estos periodistas de dudosa carrera pues no hay un sólo ser humano que haya vivido tanto tiempo, y suponiendo que se estuviese refiriendo a un palestino que huyó de Israel antes de la creación del Estado apoyando así la invasión de 5 naciones árabes que le ordenaban abandonar el lugar, cabe aclarar que se trata de una burda mentira. 

Israel se encuentra bajo las mismas leyes que otros países del mundo. Incluso es sumamente parecida al derecho que ejerce el Estado Italiano o Español, quienes privilegian a argentinos hijos de inmigrantes para obtener la ciudadanía respectiva.

Briguer insiste preguntándose si "¿Un Estado democrático puede serlo realmente si por definición excluye al veinte por ciento de la población?... El dilema que se le presenta es si continuar siendo un Estado exclusivo para judíos o si se convierte en un Estado de todos los ciudadanos israelíes." 

Ante su pregunta retórica cabe responder con otra ¿Los árabes que tienen acceso a todos los lugares santos, derecho a voto, participación en el parlamento y en sus ámbitos civiles, y que los miembros de su comunidad hayan representado Israel hasta en uno de los consulados de Estados Unidos, demuestra que no es un país democrático?

Cuando uno hace referencia a estas "afirmaciones de compadrito frente a la evidencia de la razón" cabe recordar que aún no siendo perfecto, Israel es la única democracia de Medio Oriente y, por ende, incomparable con las estados dictatoriales de la región, sobre los cuales Briguer nunca critica.

En la revista Plural de la Sociedad Hebraica Argentina dijo sin tapujos este judío de autoodio que es un atentado contra civiles de un hombre suicida es tan terrorista como una respuesta israelí en el Sur del Líbano a los extremistas del Jizbollá y de que los medios de comunicación en la Argentina son pro israelíes porque llaman a la franja del sur de Líbano la llaman "Franja de Seguridad" .

Además a pesar de la existencia de las profundas evidencias de que los medios periodísticos argentinos prácticamnente no llaman "terroristas" a los "fundamentalistas islámicos" él impunemente afirma lo contrario.

En un foro de discusión sobre el islam (MSANEWS), se quejó porque Clarín no lo calificaba de "fundamentalista" a  Igal Amir, el asesino de Rabin: "Para Clarín, el asesino de Rabin es simplemente un ‘asesino’ y un ‘extremista’, pero raramente es asociado con el judaismo, un concepto totalmente minimizados en los reportes sobre el asesinato" (al que debería darle más importancia).

En la revista Plural (de Hebraica, Argentina) se preocupó de acusar a Menajem Beguin de terrorista y al mismo tiempo que decía no defender a los grupos como Hamas y Jizbolla disuelve la responsabilidad de estos grupos afirmando que terroristas hay en todos lados: vascos, irlandeses, sionistas... e inmediatamente compara al gobierno de Beguin con los el terrorismo de estado durante la época del Proceso de Reorganización Nacional y con Firmenich.

Como muchos otros que ninguna prueba les alcanza para aceptar que el Estado judío se fundó para proteger al pueblo judío, Pedro Brieger atacó al símbolo de la inocencia que intentaba salvarse de la barbarie nazi: Ana Frank. Lo hizo en el diario El Cronista, por lo que produjo en Plural una lluvia de críticas entre las que se encontraban las de Jack Fuchs sobrevivientes del Holocasuto. ¿Qué dijo Brieger?

"En mi primer viaje a Amsterdam en 1975, recorrí la casa de Ana Frank tratando de hilvanar los recuerdos del diario leído en mi infancia... En esos momentos no comprendí porqué la casa me resultaba extraña y ni siquiera me emocionaba... ¿Por qué Ana Frank, cuya familia decidió esconderse en vez de luchar contra el nazismo, se convirtió en un símbolo, mientras otros que sí lo hicieron fueron -en su mayoría- olvidados o relegados a un segundo plano?"

"¿Qué clase de resquemores despierta la rebeldía en la sociedad como para que se nos imponían modelos asépticos de sumisión y pasividad, que sólo contribuyen a negar la realidad?..."

"Cabe la pregunta ¿la actitud de sumisión por parte de la mayoría de los judíos y otros pueblos, no ayudó a los nazis a considerarse imbatibles? No cabe duda que era extremadamente difícil oponerle resistencia a la maquinaria nazi.""

Y termina condenado a cadena perpetua a la asesinada Ana: "Frente a un mundo que se cae, la indiferencia y la negación, sin convertirse en cómplices, alejan la posibilidad de la libertad. La glorificación de la pequeña Ana, aunque le pese a muchos, es símbolo de la negación, deseo de olvidar, intento de refugiarse en lo íntimo e individual. En momentos extremos esta actitud puede ser fatal"

¿Habrá que perdonar a Brieger porque, después de todo, la judeofobia es una patología social?

 

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