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Medio:
El Semanal del ABC
Autor: Arturo
Perez Reverte
Día: 6
de febrero de 2005
Site:
www.clubelsemanal.com/perezreverte
Mail: cartas@abc.es
«Hijo
de puta ultra con trenzas, kipá en el cogote,
escopeta y tanque Merkava guardándole las
espaldas, o hijo de puta con chaleco de
cloratita en la variedad Alá Ajbar y hasta
luego Lucas».
Está claro para quien no sea un
malintencionado, un fanático o un imbécil, que
la frase no sólo alude a judíos, sino también
a palestinos, aunque los fariseos escandalizados
omitan esto último.
El
domingo que fui Goebbels
Me
telefonean mi agente norteamericano, Howard
Morhaim, y Daniel Sherr, y algunos amigos
argentinos, franceses y espańoles, todos
judíos hasta las cachas, para decirme qué
pasa, Arturete, te has vuelto mochales o qué,
antisemita y neonazi a estas alturas de la
feria, qué callado te lo tenías, cabrón,
juas, juas, porque según cierto mensaje que
circula por Internet habrías dicho,
literalmente, que los judíos somos unos hijos
de tal y cual –Pérez-Reverte llama a los
judíos hijos de puta. Protesta y pásalo, dice
el mensaje anónimo–, y por lo visto hay
un montón de emilios y cartas a periódicos de
gente que no sabemos si habrá leído o no tu puńetero
artículo, chico, pero te pone como hoja de
perejil. Y hasta una ex política bajuna y
hortera que, consecuente con su antiguo oficio,
ejerce de tertuliana en la telebasura, te
compara con Goebbels y Eichmann. A ver qué pasa
contigo, colega.
Así que yo, bueno, pues cuento lo que hay.
Y de paso se lo recuerdo a ustedes. Que el 2 de
enero publiqué un artículo en el que, entre
otras cosas, apuntaba que en Israel hay –se
sobreentiende que entre otras– dos variedades
que detesto: «Hijo de puta ultra con
trenzas, kipá en el cogote, escopeta y tanque
Merkava guardándole las espaldas, o hijo de
puta con chaleco de cloratita en la variedad Alá
Ajbar y hasta luego Lucas». Está claro
para quien no sea un malintencionado, un fanático
o un imbécil, que la frase no sólo alude a judíos,
sino también a palestinos, aunque los fariseos
escandalizados omitan esto último. Pero es que,
además, ni siquiera utilizo la palabra judío,
pues no me refiero a quienes pertenecen a esa
religión y usan la dignísima kipá –el
gorrito mosaico–, sino a un grupo concreto que
vive en Israel. Ese «ultra» con «escopeta
y tanque Merkava guardándole las espaldas»
alude a los colonos armados, extremistas y fanáticos,
que, criticados por sus propios compatriotas y
enfrentados al gobierno israelí, al que acusan
de blando –y ser más duro que Sharon tiene
tela–, agravan el conflicto con su cerril
intransigencia.
En cuanto a los palestinos, pues bueno.
Ésos no han protestado, posiblemente porque
carecen de infraestructura internacional que
permita inundar Internet y los teléfonos móviles
con chorradas. O quizá entendieron a quién me
refería al hablar del chaleco de cloratita. Los
otros palestinos, la grandísima mayoría, están
allí, en Israel, machacados por los tanques y
por la intransigencia que, desgraciadamente
–Espańa también tiene lo suyo, a su
manera–, no es exclusiva de aquella tierra.
Esos palestinos no anhelan morir en nombre de
nada, sino que los dejen vivir, tener agua
potable, comer, caminar sin que les corte el
paso una alambrada o les disparen. Y ningún imbécil
o imbécila han de matizarme eso, porque lo
presencié muchas veces, en otro tiempo. Hay, en
efecto, hijos de puta que se vuelan a sí mismos
dentro de un autobús con pasajeros inocentes. Y
hay otros hijos de puta que encargan a la aviación
o a la artillería que le pegue un zambombazo a
una escuela con nińos dentro. En 1974 pasé
un día entero sacando criaturas aplastadas
entre los escombros del campo de refugiados de
Ain Helue. Sé lo que digo. Así que déjense de
gilipolleces, y no me obliguen a matizar que
todos los hijos de puta son iguales; pero que,
en cuanto a motivos, algunos son más iguales
que otros. Respecto al holocausto y el
antisemitismo, tampoco me toquen la flor. Esa
atrocidad ocurrió hace más de medio siglo, la
recordamos todos muy bien, y no justifica lo
injustificable.
De cualquier modo, el mecanismo no es nuevo.
En los doce ańos que llevo tecleando esta página,
ha pasado muchas veces, y volverá a pasar.
Cuando de fanáticos e imbéciles se trata, da
igual que uno mencione a israelíes, a
palestinos o a taxistas. La diferencia es que,
cuando digo que un taxista es un ladrón y un
sinvergüenza y los taxistas protestan porque
insulto al gremio del taxi, la cosa queda en
esperpento. Lo otro tiene ribetes más sombríos,
pues prueba que quienes viven de ser víctimas,
rentabilizando cada ocasión, se frotan las
manos ante supuestas conspiraciones, enemigos y
odios, sean judeófobos, nacionalistófobos, o
capullófobos. Aún así, lo peor no son los
manipuladores que sacan partido de esa murga,
sino los cantamańanas que, ingenuamente, se
dejan llevar por ellos al huerto. Así que también
yo he mandado un mensaje por Internet y por teléfono
móvil: «Si los tontos volaran, El Semanal
lo leeríamos a la sombra. Pásalo».
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