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EL PAÍS - 30-07-2004
La viñeta de Romeu publicada en EL PAÍS de ayer (página 32) establece una
comparación insostenible y moralmente injustificable entre el gueto de
Varsovia y la valla de seguridad que construye Israel -"el muro de
Sharon", según el autor-.
No es la primera vez que su periódico publica viñetas que transgreden el
límite entre la crítica legítima a una política o actuación determinadas de
tal o cual Gobierno de mi país y la pura calumnia antisemita. La viñeta
publicada ayer en su diario es una infamia contra el pueblo y el Estado de
Israel, cargada del más puro antisemitismo.
La caricatura provoca indignación y repulsa a todos los que tienen una
mínima sensibilidad por los horrores del holocausto y unos mínimos
conocimientos sobre su magnitud y características, así como a quienes
mantienen una actitud ecuánime ante las circunstancias del conflicto entre
Israel y los palestinos.
Como es sabido, el confinamiento de los judíos en el gueto de Varsovia fue
la antesala a su aniquilación en Auschwitz como parte de la "solución
final" de los nazis, la cual tenía como único objetivo el exterminio de todos los judíos (niños,
mujeres, hombres y ancianos) por el mero hecho de serlo. En el holocausto
fueron asesinados 6.000.000 de judíos, entre ellos más de un millón de
niños. El holocausto es un episodio singular de la historia de la humanidad
y la página más oscura de la historia de Europa. Establecer paralelismos
con cualquier situación actual es una falacia, una ofensa a las víctimas y
un intento de banalización del holocausto.
La valla de seguridad, que no muro (el 95% de su trazado lo constituye un sistema
de alambradas y sensores electrónicos y sólo un 5% es muro de cemento),
tiene como único objetivo defender a los ciudadanos de Israel de la brutal
oleada de atentados terroristas palestinos, que sólo en los tres últimos
años se han cobrado la vida de más de 900 personas. La comparación no
merece respuesta, pero sí plantea algunos interrogantes sobre las
intenciones: ¿se pretende criminalizar a Israel?, ¿banalizar el
holocausto?, ¿lavar la culpa europea?...
Negar, reducir su magnitud, relativizar, en suma, banalizar y
trivializar el holocausto es lo que hacen desde hace décadas los
negacionistas nazis (o neonazis). Relativizar la magnitud y la
trascendencia histórica del holocausto es una perversión de la verdad.
Por lo tanto, a la hora de hacer crítica política, los intelectuales y
creadores de opinión deben tener especial cautela para no caer en la trampa
de minimizar el holocausto.
Todo esto hace pensar hasta qué punto es importante que en Europa, y tal
como se acordó hace ya algunos años en Estocolmo, se enseñe, se explique y
se recuerde el holocausto. En esta labor, los medios de comunicación
también tienen una parte de responsabilidad, y no deben dar cabida a
opiniones que banalicen el holocausto como la aparecida ayer en EL PAÍS, un
periódico que, por cierto, ha demostrado en diferentes circunstancias su
sensibilidad por el holocausto y el antisemitismo.
El autor es portavoz de la Embajada de Israel en Madrid.
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