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Medio:
Clarin Argentina
Autor: Hinde
Pomeraniec
Día: 6
de abril 2005
Site:
http://www.clarin.com/diario/2005/04/06/elmundo/i-02701.htm
Mail: hpomeraniec@clarin.com
"Los nazis no sólo terminaron con los judíos
polacos sino que buscaron terminar con los
polacos en general. Seis millones murieron en la
Segunda Guerra, incluidos los 3,5 millones de
judíos polacos" MN:
La comparación entre el asesinato sistemático
de judíos a la muerte de cualquier otro grupo
de personas en medio de una guerra es un hecho
que se enlista en la artillería de los más
famosos negadores del holocasto. Los
argumentos de los negadores según Gustavo
Perednik son cuatro: 1)
el Holocausto nunca ocurrió; 2)
las cifras fueron abultadas; 3)
no hubo ningún plan sistemático de
exterminio; 4)
en cada guerra hay Holocaustos, y los judíos
cacarean sólo el suyo como si fueran los
monopolizadores del dolor Para
más información: Unidad
11: La Negación del Holocausto -
La judeofobia actual
Wojtyla,
un católico que se acercó a los judíos ya
desde su infancia
En
la década del 20, cuando los chicos jugaban al
fútbol en Wadowice, al sudoeste de Polonia, no
era complicado armar los equipos: siempre era
"judíos vs católicos". Desde muy
chico Karol Wojtyla convivió con los judíos,
que eran la cuarta parte de la población de su
lugar natal, de apenas 8 mil habitantes. Algunos
amigos de entonces siguieron cerca del Papa
hasta el final, como Jerzy Kluger, quien terminó
siendo el enlace entre el Vaticano e Israel,
cuyos vínculos diplomáticos se iniciaron recién
en 1994. Pero entre los tiempos de aquellos
partidos amateurs y hoy, pasó la historia y,
con ella, la mayor infamia del siglo XX: el
exterminio nazi.
"Juan Pablo II fue el primer Papa que visitó
una sinagoga (la de Roma, en 1986), el primero
que fue a Tierra Santa y el primero que dictaminó
que el antisemitismo es un pecado". Alto y
mayor ("soy 19 meses menor que el
Papa", dice soberbio), el intelectual y ex
canciller Wladyslaw Bartoszewski pasó por
Auschwitz y más tarde estuvo 6 años en cárceles
comunistas. Es casi un símbolo de este país,
un hombre que vivió en carne propia las dos
ocupaciones, como llaman aquí al período
opresivo que comenzó en 1939.
Bartoszewski conoció muy bien al Papa, e
incluso lo acompañó siendo canciller en el
2000, durante el viaje a Israel. "Allí
hablé con todos", cuenta este hombre
grande que se cubre con la mano la oreja derecha
para escucharse mejor, "y no encontré
ninguna voz que no fuera de admiración".
"Lo suyo fue realmente
revolucionario", asegura, y explica que
nunca antes un católico debía confesar sus
sentimientos antisemitas como pecado. "Su
manera de ver esta cuestión sobrepasaba
notablemente el nivel de conciencia de obispos y
cardenales", intenta explicar.
Los años de infancia en Wadowice fueron la
escuela de la tolerancia para "Lolek",
como lo llamaban. Su gran amigo Kluger le confió
a Bartoszewski que cuando tenían 12 o 15 años
y Wojtyla iba a visitarlo besaba la mano de su
madre, algo que en la Europa de entonces no era
hábito. Entre el prejuicio y el antisemitismo
como ideología, no cualquiera besaba una
mano judía.
Hasta la llegada de las tropas de Hitler a
Polonia los judíos eran el 10% de los
habitantes del país, de unos 35 millones.
Actualmente no llegan a 15 mil y los habitantes
son 38 millones. Los judíos participaban de la
vida política y militar, al punto que en el ejército
había rabinos.
Para dar una idea de lo enorme que era la
comunidad judía polaca, en la capital hasta la
Segunda Guerra, uno de cada 3 ciudadanos era judío.
Para dar otras: en la segunda mitad de la década
del 30 se publicaban 130 periódicos en idish y
había 15 teatros que daban funciones en la
misma lengua. Hoy en Varsovia sólo queda una
sinagoga y abre nada más que los jueves, en
calidad de ícono turístico.
Los nazis no sólo terminaron con los judíos
polacos sino que buscaron terminar con los
polacos en general. Seis millones murieron en la
Segunda Guerra, incluidos los 3,5 millones de
judíos polacos. En algunas iglesias hubo
sacerdotes que asistieron a los judíos,
familias que también lo hicieron y
organizaciones que se crearon para tal fin, como
"Zegota".
Pero la principal acusación de los judíos
polacos siempre fue que los nazis se sirvieron
del antisemitismo local para sus planes de
exterminio. Y eso es también el motivo por
el cual los judíos observaron con admiración
el acercamiento de Juan Pablo II, un hombre que
manejó su papado con gran sensibilidad por la
dignidad humana y la misma dosis de sensatez política.
"No es casual", dice Bartozsewski,
"que en estos días los judíos recen por
el Papa".
"Les aseguró a los judíos que la Iglesia
Católica está profundamente entristecida por
el odio, la persecución y las manifestaciones
de antisemitismo dirigidos contra los judíos
por los cristianos en cualquier tiempo y
lugar", dijo el Papa durante su visita a
Yad Vashem, el Museo del Holocausto en Israel. "Nadie
puede ignorar lo que pasó. Nadie puede
minimizar su escala", dijo otra vez
sobre la Shoah —así se refería al
Holocausto— el hombre que nació en un pueblo
donde la convivencia fue posible y que simbólicamente
sólo está a 20 kilómetros de Auschwitz.
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