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UN PREJUICIO QUE NO TIENE COLOR Mónica
Martin saca a relucir sus prejuicios sobre las calles de Israel
Medio: La
Nación
Autor: Mónica Martin Site:
http://www.lanacion.com.ar/suples/turismo/0418/st_595332.asp
Mail:
cartadelectores@lanacion.com.ar
Cuestión de
gustos y costumbres Viajar por el mundo supone ver la vida en tonos muy distintos
En cada rincón del mundo la vida es del
color con que se la mire. Mientras en Wall Street una suba de acciones se
anuncia con carteles verdes, en los mercados asiáticos el verde indica que
bajaron las cotizaciones. En Estados Unidos y Europa, el luto se expresa a
través del negro, tanto en ropa como en avisos fúnebres. Pero en la mayoría
de los países asiáticos, por el contrario, la gente va a los funerales
vestida de blanco; y si se trata de naciones que siguen el culto budista, una
muerte se anuncia en letras rojas. Por esta razón, en Asia jamás verá el
menor trazo rojo en una tarjeta personal. Si un turista entregara una que
tuviera letras rojas, el gesto se interpretaría como una ofensa grave, casi
como un mal augurio. A la hora de dar la bienvenida a los recién
nacidos, nuestro país sigue los dictados arbitrarios de los norteamericanos:
rosa para las nenas y celeste para los varones. En Inglaterra, en cambio, el
rojo es el color de la virilidad y el azul se aproxima al mundo femenino. Desaciertos Para confundirnos más aún, algunas cosas
parecen atadas a un color, pero la realidad se encarga de desmentirlo. Por
ejemplo, la caja negra de los aviones es anaranjada o amarilla; la Green Card
norteamericana no es verde y la cartografía abunda en referencias cromáticas
harto desacertadas: Río de la Plata, río Bermejo, Mar Rojo, Mar Negro, Bahía
Blanca, etcétera. Sólo la clorofila del reino vegetal
--siempre verde y responsable de que las plantas se vean así-- ha logrado que
los ecologistas de todo el mundo se pusieran de acuerdo: sus partidos, donde
quiera que se encuentren, siempre se embanderan con verde. Por extensión,
gracias a su defensa de las fuerzas vivas, también Greenpeace echó mano del
verde. En síntesis, la cultura creada por el hombre
se encarga de desordenar los colores, que en la naturaleza guardan cierta
lógica. Algunos ejemplos: Verde: una versión atribuye a Mahoma, el
profeta del islamismo, haber dicho: "El agua, el verde y un rostro
hermoso son tres cosas universalmente buenas". Por eso, la tradición
asocia el verde con el islam, y no sería una buena idea elegir una camisa de
ese color para caminar por las calles de Bosnia o Israel.
Malas Noticias: Esta es
una clara muestra de la ignorancia periodística en los temas que se supone
deben informarnos. La frase
“tradición asocia el verde con el islam, y no sería una buena idea
elegir una camisa de ese color para caminar por las calles de Bosnia o Israel”
refleja el prejuicio de Mónica Martin sobre a Israel. Martin cree con fe
sincera (pero sin ningún basamento en la realidad) que los árabes son
castigados en las calles del estado judío. Cualquier persona
seria que haya pisado Tierra Santa puede contrarrestar esta fábula
periodística con cientos de ejemplos. Ver
fotografías que demuestran lo contrario Si viaja a China, deje los sombreros verdes
en casa, pero por razones más profanas: allá se suele bromear con los que los
usan, porque se los asocia con los hombres engañados por sus mujeres. En
muchas partes, la envidia vuelve verdes a las personas, con excepción de
Shrek y El increíble Hulk, que ya son así por decisión del séptimo arte. Azul: los anglohablantes del planeta
llamaron azul (blue) a la tristeza y le tributaron una melodía. Pero en
cuestiones políticas no se pusieron de acuerdo: en Estados Unidos este color
identifica a los demócratas y en Gran Bretaña, a los conservadores. El equivalente del término azul también
apunta en varias direcciones, según las latitudes: significa joven, en
japonés; gay, en ruso, y borracho, en alemán. Por más que América y Europa repitan que los
aristócratas tienen sangre azul, gracias al histórico mameluco que visten de
sol a sol, este color también pasó a ser patrimonio de la clase trabajadora. Rojo: en la Argentina es rojo el antídoto
contra la envidia que se coloca en muñecas, pies o carritos de un bebe recién
nacido, costumbre que probablemente hayan traído consigo los más recientes
inmigrantes asiáticos, ya que el rojo es el color de la suerte en casi todo
Oriente. Durante el Año Nuevo Chino, los empleados reciben el hong bao, un
sobre rojo con el aguinaldo anual. El día del cumpleaños se encienden velas de
ese color y, en una boda tradicional, las novias eligen un vestido rojo. En
esos mercados, un logotipo empresario o el lanzamiento de un packaging rojo
van con todas las de ganar. Por lo menos desde la Revolución Francesa,
el rojo se impuso en todo el mundo como el color emblemático de los partidos
políticos más radicalizados, pero hoy es el del Partido Republicano de los
Estados Unidos, que no quiere saber nada con izquierdas y revoluciones.
Curiosamente, hasta hace algún tiempo, el uniforme de los soldados del
Imperio Británico también utilizó el rojo. . Amarillo: por más que Corcho Rodríguez se
las haya enviado por centenares a Susana Giménez, en la Argentina las rosas
amarillas siempre simbolizaron el desprecio, tanto como las blancas el
abandono. En Estados Unidos, en cambio, si una persona muy suelta de cuerpo
le enrostra You are a yellow! (usted es un amarillo), prepare una respuesta:
le está diciendo que usted es un cobarde. En otras circunstancias, y tal vez
por asociación con la fiebre amarilla, este color también remite a una
persona enferma. En la Iglesia Apostólica Romana, el amarillo, en cambio, es
el color papal y en la China antigua, el emperador era la única persona que
podía vestirse de amarillo. Aun hoy, en Malasia se reserva esa tonalidad para
el baldaquino que brinda sombra al rey. Ezequiel Finkelberg Director Malas Noticias
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