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Medio:El
Periódico de Guatemala
Autor: Miguel Ángel Albizures
Día: 05 de diciembre de 2004
Site:
http://www.elperiodico.com.gt/
Mail: Editoroa
Claudia L. Cruz
ccruz@elperiodico.com.gt
La frase que encabeza este
artículo es de un letrero puesto en hebreo e
inglés, que demuestra contra quiénes lucha el
pueblo palestino en defensa de sus derechos
históricos y por el cese de la agresión. Demuestra quiénes están atrás del exterminio
que sufren, de la muerte de nińos, mujeres
y ancianos... los muertos los pone el pueblo
palestino...Vieron rostros llenos de sufrimiento, de
impotencia y de rabia, nińos a quienes les
han robado la risa, madres angustiadas viendo
cómo los judíos asesinan a sus hijos a la
vuelta de la esquina.
El movimiento social, y especialmente las
organizaciones de derechos humanos, deben hacer
lo que no hace ni va a hacer el Gobierno de
Guatemala, levantar la voz para que cese la
matanza. Nosotros sufrimos la represión, la
persecución despiadada, el secuestro de seres
queridos. Los pueblos indígenas sufrieron el
genocidio. No queremos que esto se repita, ni
debemos guardar silencio cuando crímenes de
lesa humanidad se cometen contra otros pueblos,
aun cuando estén al otro lado del mundo.
“ ISRAEL,
NO TEMAS, EE.UU. TE DEFIENDE”
La frase que encabeza este
artículo es de un letrero puesto en hebreo e
inglés, que demuestra contra quiénes lucha el
pueblo palestino en defensa de sus derechos
históricos y por el cese de la agresión.
Demuestra quiénes están atrás del exterminio
que sufren, de la muerte de nińos, mujeres
y ancianos que esperan la solidaridad de los
pueblos para alcanzar la anhelada libertad, por
la que millares de ellos han muerto.
Lo que vieron y escucharon el obispo de San
Marcos, Álvaro Ramazzini, y Fernando Bermúdez,
miembro del Movimiento Nacional por los Derechos
Humanos en su visita a Palestina, me la hicieron
llegar por escrito para transmitirla a los
lectores que sólo conocen una parte de lo que
en esa región sucede, donde a pesar del derecho
que les asiste, los muertos los pone el pueblo
palestino. Visitaron, como ellos lo dicen, los
pueblos prohibidos por el Gobierno de Israel,
como Belén, Jericó, Qalquilya, entre otros y
tuvieron que abstenerse de otras ciudades por el
control del Ejército. Vieron un pueblo ocupado
militarmente, ciudades y pueblos cercados por
grandes alambradas, aislados completamente unos
de otros. Pueblos convertidos en cárceles. La
muralla de unos 300 kilómetros de largo que
están construyendo, y que va de norte a sur, es
para aislar más al pueblo palestino.
Vieron rostros llenos de sufrimiento, de
impotencia y de rabia, nińos a quienes les
han robado la risa, madres angustiadas viendo
cómo los judíos asesinan a sus hijos a la
vuelta de la esquina. En los días que ambos
estuvieron en esas tierras hubo 113 asesinatos
sólo en la Franja de Gaza, de ellos, 42 eran nińos.
En Belén, Jericó y Jerusalén, el grito de los
pobres era el mismo: “Cómprenos algo, ya
nadie viene a visitarnos, tenemos hambre”.
Escucharon el testimonio de un párroco
palestino, Raed Abusahya, cómo los soldados
israelíes destruyeron las viviendas de sus
paisanos utilizando grandes maquinarias que se
llevaban todo a su paso, pero también palparon
la impotencia y el dolor de un pueblo que sufre
la represión por parte de quienes un día
sufrieron el holocausto por parte de los nazis y
que hoy en día poco o nada les importa la vida
del pueblo palestino.
Palestina sigue pidiendo a gritos solidaridad.
Que la comunidad internacional denuncie con
fuerza lo que el Estado de Israel está haciendo
contra ellos. Que presionen para una
negociación de paz, que les garantice su
libertad, el ejercicio de sus derechos, el
reconocimiento de su pueblo, del cual son
originarios. No piden más que eso, que cese la
indiferencia y el silencio cómplice de los
pueblos. Que se ponga alto a las atrocidades que
se están cometiendo. Que globalizamos la
solidaridad y la justicia y condenemos los
hechos.
El movimiento social, y especialmente las
organizaciones de derechos humanos, deben hacer
lo que no hace ni va a hacer el Gobierno de
Guatemala, levantar la voz para que cese la
matanza. Nosotros sufrimos la represión, la
persecución despiadada, el secuestro de seres
queridos. Los pueblos indígenas sufrieron el
genocidio. No queremos que esto se repita, ni
debemos guardar silencio cuando crímenes de
lesa humanidad se cometen contra otros pueblos,
aun cuando estén al otro lado del mundo.
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