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Medio:
La Voz de Galicia
Autor: Ignacio
Ramonet
Día: 2
de marzo 2005
Site:
http://www.lavozdegalicia.es/inicio/index.htm
Mail: web@lavozdegalicia.es
Huelga
decir que la actitud colonial de las autoridades
repugna a numerosos ciudadanos israelíes....
Ciertamente, es el fruto de las tesis formuladas
en 1896 por Theodor Herlz.
EL
GOBIERNO israelí de Ariel Sharon ha votado en
favor de la retirada de Gaza. Es una decisión lógica
y valiente que esta creando tensiones fuertes en
el interior de Israel donde la mayoría de la
población la aprueba, mientras una minoría de
extrema derecha está dispuesta a todo por
retardar esa retirada. Sobre todo los ocho mil
colonos que un tiempo adoraron a Sharon y ahora
están amenazando con matarlo, como lo hicieron
con Isaac Rabin.
Los
tiempos han cambiado desde aquella provocación
del general Sharon al presentarse el 28 de
septiembre de 2000, protegido por decenas de
policías, en la Explanada de las Mezquitas (el
monte del Templo para los judíos). Así se puso
en marcha un nuevo engranaje trágico: la
segunda Intifada, protestas de civiles
palestinos, brutalidad desproporcionada de la
represión, niños y adolescentes palestinos
abatidos por las balas, horrible linchamiento de
dos militares israelíes, represalias contra los
árabes israelíes, atentados suicidas en las
calles de las ciudades israelíes, reocupación
militar de las ciudades autónomas palestinas,
provocaciones de colonos extremistas, nuevos y
odiosos atentados contra civiles israelíes, etcétera.
La espiral de violencia parecía no tener fin.
El
choque planetario del 11 de septiembre de 2001
no interrumpió el ciclo de venganzas y
represalias. Barbarie cotidiana. Regresión política.
Con llamadas, entre los fanáticos de ambos
campos, a la «limpieza étnica» o a la «segregación
de las poblaciones». Retorno a la desesperación
de los civiles palestinos, cuyas condiciones de
vida se han vuelto infernales debido a los
sucesivos bloqueos de las ciudades. El PNB
palestino por persona y año ha disminuido
sensiblemente, pasando de 2.245 dólares en 1992
a menos de 1.300 en 2004. Y retorno de la
inquietud y el miedo en el seno de la sociedad
israelí, que, traumatizada y martirizada, sigue
siendo no obstante mayoritariamente partidaria
de un acuerdo de paz. La muerte de Arafat y la
elección democrática de Mahmud Abbas parecen
haber despejado el horizonte.
En
Gaza, un millón de palestinos viven hacinados
en condiciones de miseria indescriptibles,
mientras que unos ocho mil colonos judíos
extremistas, protegidos por soldados armados
hasta los dientes, ocupan un tercio del
territorio, constituido por las tierras mejor
regadas... Despreciando el derecho
internacional, Israel promovió la implantación
de poblaciones judías venidas en muchos casos
de ultramar.
Huelga
decir que la actitud colonial de las autoridades
repugna a numerosos ciudadanos israelíes.
Porque este singular estado no se parece a ningún
otro. Ciertamente, es el fruto de las tesis
formuladas en 1896 por Theodor Herlz. Pero el
estado de Israel surge también,
indiscutiblemente, del antisemitismo europeo, de
los pogromos rusos y del genocidio nazi.
Constituye el puerto y el refugio al que se han
acogido millones de perseguidos en busca de un
espacio de libertad. Así pues, para todos
ellos, y en particular para los supervivientes
de los campos de exterminio, Israel no es
solamente un proyecto nacional, sino también un
proyecto moral.
Un
proyecto moral hasta ahora traicionado. Pero que
podría cobrar de nuevo sentido después de la
retirada de Gaza y más aun si a eso le sigue el
reconocimiento mutuo de seguridad y de soberanía
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