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Medio:
Página/12
Autor: Juan
Gelman
Día: 26
de agosto de 2006
Site:
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-72015-2006-08-26.html
"Dos
vergüenzas" por Juan Gelman - Sabado 26 de
agosto
"Llevo
la vergüenza encima como un lastre, siempre.
Está ahí, agachada, esperando que la mire
cuando recuerdo cómo tratamos cotidianamente a
los palestinos, o emboscándome, cuando veo lo
que hacemos con toda persona que por su origen o
religión no pertenezca a la casta de los
privilegiados.” La carta está fechada el 31
de julio, día en que un bombardeo israelí segó
en Qana la vida de 60 civiles libaneses, 37 de
ellos niños: “Hay momentos –agrega–, como
en las últimas semanas en las que nos dedicamos
sistemáticamente a destruir un país indefenso
(sin importarnos, por supuesto, el precio que
ellos pagan, e importándonos muy poco el que
nosotros mismos pagamos), en que la vergüenza
pasa a ser algo cotidiano y palpable, con la que
me levanto y me acuesto todos los días. Y hay días
como hoy... en que la vergüenza me pesa en los
hombros y no me deja caminar”
Gustavo
Perednik escribió en su libro La
naturaleza de la Judeofobia sobre el autoodio
judío:
"Uno
de los casos que estudió Lessing fue el del
periodista vienés Arthur Trebitsch, quien se
convirtió al cristianismo, escribió un libro
judeófobo, y ofreció sus servicios a los nazis
de Austria. Cuando sintió que todo era
insuficiente, escribió: "Me fuerzo a no
pensarlo, pero no lo logro. Se piensa dentro de
mí... está allí todo el tiempo, doloroso,
feo, mortal: el conocimiento de mi ascendencia.
Tanto como un leproso lleva su repulsiva
enfermedad escondida bajo su ropa y sin embargo
sabe de ella en cada momento, así cargo yo la
vergüenza y la desgracia, la culpa metafísica
de ser judío. ¿Qué son todos los sufrimientos
e inhibiciones que vienen de afuera en comparación
con el infierno que llevo dentro? La judeidad
radica en la misma existencia. Es imposible
sacudírsela de encima. Del mismo modo en que un
perro o un cerdo no pueden evitar ser lo que
son, no puedo yo arrancarme de los lazos eternos
de la existencia que me mantienen en el eslabón
intermedio entre el hombre y el animal: los judíos.
Siento como si yo tengo que cargar sobre mis
hombros toda la culpa acumulada de esa maldita
casta de hombres cuya sangre venenosa me
contamina. Siento como si yo, yo solo, tengo que
hacer penitencia por cada crimen que esta gente
está cometiendo contra la germanidad. Y a los
alemanes me gustaría gritarles: Permaneced
firmes! No tengáis piedad! Ni siquiera conmigo!
Alemanes, vuestros muros deben permanecer herméticos
contra la penetración. Para que nunca se
infiltre la traición por ningún orificio...
Cerrad vuestros corazones y oidos a quienes aun
claman desde afuera por ser admitidos. Todo está
en juego! Permanezca fuerte y leal, Alemania, la
última peque¤a fortaleza del arianismo! Abajo
con estos pobres pestilentes! Quemad este nido
de avispas! Incluso si junto con los injustos,
cien justos son destruidos. ¿Qué importan
ellos? ¿Qué importamos nosotros? ¿Qué
importo yo? No! No tengan piedad! Se los
ruego."
De
judeofobia israelíta y Judeofilia Cristiana
por
Gustavo
perednik
(...)
Un
prohombre del socialismo hebreo, Berl
Katzenelson, que en 1936 se lamentaba: «¿Hay
acaso otro pueblo sobre la tierra cuyos hijos
están tan retorcidos emocional y mentalmente,
que consideran despreciable y odioso todo lo que
hace su nación, mientras que todo asesinato,
violación y asalto cometido por sus enemigos
llena sus corazones de admiración y reverencia?».
http://www.nodulo.org/ec/2004/n028p05.htm
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