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En
1975, la Asamblea General de NU adoptó una
resolución en que difamaba al
sionismo al igualarlo con el racismo. En su
inspirada respuesta a la
resolución, el embajador de Israel ante las NU,
Chaim Herzog, hacía notar
la ironía de la ocasión, la votación se
producía exactamente 37 años después
de la Kristallnacht.
El
sionismo es el movimiento nacional de liberación
del pueblo judío, que sostiene
que éste, al igual que cualquier otra nación,
tiene derecho a una patria.
La
historia ha demostrado la necesidad de
garantizar la seguridad de los
judíos
mediante un hogar nacional. El sionismo reconoce
que el judaísmo es definido por un origen, una
religión, una cultura y una historia
compartidas.
Más
de cinco millones de judíos, provenientes de más
de 100 países, que son ciudadanos
de Israel, ejemplifican la realización del sueño
sionista.
La
Ley del Retorno a Israel les garantiza ciudadanía
automática a los judíos, pero
los no judíos también tienen derecho a
convertirse en ciudadanos, conforme a
procedimientos de naturalización semejantes a
los que existen en otros
países. Aproximadamente 1.000.000 de musulmanes
y cristianos árabes, drusos,
bahais, circasianos y de otros grupos étnicos
también están representados en
la población de Israel. La presencia en Israel
de miles de judíos
de piel oscura provenientes de Etiopía, Yemen y
la India es la mejor refutación a la calumnia
contra el sionismo. En una serie de históricos
puentes aéreos, llamados Moisés (1984), Josué
(1985) y Salomón (1991), Israel
rescató a casi 42.000 miembros de la antigua
comunidad judía etíope.
El
sionismo no discrimina a nadie. El carácter
abierto y democrático de Israel, y
su escrupulosa protección de los derechos
religiosos y políticos de cristianos y
musulmanes, rebate la acusación de
exclusividad. Además, cualquier persona
—judío o no judío, israelí, norteamericano,
o saudita; negro, blanco,
amarillo o púrpura— puede ser sionista.
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Al
escribir después de darse a conocer la «Operación
Moisés», William Safire apuntaba: «…Por
primera vez en la historia, millares
de
negros están siendo llevados a un país,
no en cadenas, sino con dignidad; no como
esclavos, sino como ciudadanos».18 |
En
contraste, los estados árabes definen la
ciudadanía estrictamente por el parentesco
nativo. Es casi imposible convertirse en
ciudadano por naturalización en
muchos estados árabes, especialmente Argelia,
Arabia Saudita y Kuwait.
Varias naciones árabes tienen leyes para
facilitar la naturalización de
árabes extranjeros, con la específica excepción
de los palestinos. Jordania, por
otra parte, promulgó su propia «ley de retorno»
en 1954, en la que se les otorga la ciudadanía
a todos los anteriores residentes de Palestina,
excepto a los judíos.19
Elegir
la autodeterminación de los judíos en
particular es en sí misma una forma
de racismo. En 1968, abordado por un estudiante
de Harvard que atacó
el sionismo, Martin Luther King respondió: «Cuando
la gente critica a los
sionistas, quieren decir judíos. Usted está
hablando de antisemitismo».20
La
resolución de las NU de 1975 fue parte de la
campaña antiisraelí de soviéticos
y árabes durante la Guerra Fría. Casi todos
los no árabes que apo- yaron
la resolución se han excusado y han cambiado su
postura. Cuando la Asamblea
General votó para rechazar la resolución en
1991, sólo algunos estados
árabes y musulmanes, así como Cuba, Corea del
Norte y Vietnam, se
opusieron.
Notas:
17.
Mark Twain, The Innocents Abroad, (Londres,
1881).
18.
New York Times, (7 de enero de 1985).
19.
Jordanian Nationality Law, Artículo 3 (3) de la
ley No. 6 de 1954 Official Gazette, No. 1171, 16
de
febrero de 1954.
20.
Seymour Martin Lipset, “The Socialism of
Fools-The Left, The Jews and Israel,”
Encounter, (diciembre
de 1969), p.2
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