Periodista
y licenciado en filosofía, Oscar Raúl
Cardoso es dueño de una extensa
trayectoria profesional, analista de la
realidad argentina e internacional. Es
habitual columnista de Clarín. Los mails
de Cardoso son ocardoso@terra.com.ar,
ocardoso@clarin.com
y orcardoso@oscarcardoso.com.ar
A
continuación la trascripción del mail
enviado por Cardoso a un lector que se
quejó de su pluma tendenciosa
Estimado
señor:
No
lo tomo a mal pero creo que ni somos tan
"viejos" ni, por cierto, somos
"amigos". No puedo
"esclarecer posiciones antiisraelíes"
que no tengo a pesar de que usted pueda
percibir lo contrario. Si la cuestión es
para usted tan importante le sugiero que
revise los muchos textos que escribí
sobre la cuestión -desde aquí pero también
desde Israel y los países árabes- asegurándole
que no encontrará otra referencia que la
ratificación del derecho del estado de
Israel a existir dentro de fronteras
seguras. Se con certeza que Israel no
precisa de mi aprobación para existir,
pero menciono el registro solo porque
usted lo pone en duda.
Puedo
esclarecer, sin embargo, otras posiciones
que, sí, sostengo. Soy, decididamente,
partidario de la creación del estado
nacional palestino en las mismas
condiciones de seguridad que el de Israel.
Y,
sí, también guardo una módica admiración
por la figura de Yasser Arafat que -usted
entenderá-
no extiendo a la de Ariel Sharon.
Permítame emplear aquí la misma ironía
que resume su texto y recordar -como católico
que soy- una oscura humorada atribuida a
los cardenales cuando un Papa es ganado
por ese estado de la vejez que precede a
la muerte. Respecto
de Sharon le digo entonces: "Quiera
el Señor abrirle los ojos... o cerrárselos".
Es, mucho más de lo que lo fue Arafat, un
obstáculo para la paz. żConvive cómodamente
con la retórica de Sharon? Pues bien yo
escribí sobre el centroizquierda de la
sociedad israelí y de la diáspora, no
del nuevo y curioso "fascismo"
judío en el que, quizás, usted se
inscriba.
En
cuanto al 97% (del 22% en rigor) ofrecido
por Barak en el 2000 estoy convencido de
que fue una oferta inteligente -y generosa
dentro de límites mezquinos, pero
realistas- y que Arafat falló al
rechazarla. Aunque puedo entender -sin
compartir- las razones para la decisión
del rechazo. No coincido, sin embargo, con
su interpretación en los hechos.
Error:
sí conozco alguna cárcel israelí
visitada en compañía de autoridades
militares del estado de Israel durante la
primera guerra del Golfo. La encontré
impiadosa, del mismo modo en que encontré
repulsivo algún pronunciamiento de la
Corte Suprema israelí declarando alguna
vez que la tortura de los prisioneros era
apenas "presión física
moderada" (desde entonces esta
hipocresía ha sido corregida por el mismo
cuerpo). Pero aun más he estado en los
territorios palestinos fueron cerrados y
sitiados durante aquella guerra y hallé
otra forma de encarcelamiento colectivo
impiadoso. Como le dije en la respuesta a
su primer envío tomo en cuenta sus
posiciones, pero esto no puede significar
necesariamente que vaya a cambiar los
principios que sostengo. żPueden
cambiar? Sí pueden, pero hace falta para
ello argumentos más sólidos que los eslóganes
propagandísticos que informan su texto.
Por
suerte estamos ambos -y otros- en
condiciones de sustentar visiones antagónicas
con libertad. Quizá sea este el único
hecho destacable del intercambio.
Respetuosamente
Oscar
Raúl Cardoso
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